jueves, 10 de abril de 2008

LAS VOCES DE LOS ABORIGENES AUSTRALIANOS 3ºPARTE






Había transcurrido una corta distancia cuando notó un dolor punzante en los pies.Miró hacia abajo y vió que le asomaban unas espinas. Se las arrancó, pero cada vez que daba un paso se las clavaba más.Outa se detubo para esperarla, la expresión de su rostro parecía más comprensiva cuando dijo:"Olvídate del dolor, sácate las espinas cuando acampemos. Fija la atención en otra cosa, Después nos ocuparemos de tus pies.´Ahora no puedes
hacer nada. Al cabo de un rato se detuvieron para descansar un momento y descubrió que casi todas las puntas se habían partido. Los cortes sangraban y las espinas se le habían metido debajo de la piel. Caminábamos sobre spinifex. Es lo que los botánicos llaman hierba de playa, que se aferra a la arena y sobrevive donde hay poca agua
gracias a sus hojas afiladas como cuchillos.Caminábamos en completo silencio. Parecía muy extraño que nadie dijera nada. Sin previo aviso, la columna dejo de caminar hacia el frente y se desvió. Me cogieron por sorpresa; no se había dado ninguna instrucción de variar el rumbo. Todo el mundo pareció darse cuenta menos yo. Caminaban sin rumbo en el desierto. Eso es lo que ella
creía, más adelante se daría cuenta del método de comunicarse entre ellos. No se decían nada, pero se comunicaban por telepatía, digo bien por telepatía. Esas gentes que me parecieron tan ignorantes me tendrían que dar lecciones de lo eficaces que eran sus costumbres.
Por fín llegó el momento de detenerse para pasar la noche
Inmediatamente todos tuvieron algo en qué ocuparse. Encendieron un fuego sin utilizar cerillas. Yo nunca había intentado hacer fuego dando vueltas a un palito en un agujero. En cambio aquella gente era muy experta. Algunos recogieron leña, otros plantas.

Una mujer muy anciana se acercó a mí.Parecía tan vieja como mi abuela, que pasaba ya de los noventa.Unas suaves arrugas llenaban su rostro de pliegues. Su cuerpo era esbelto, fuerte y flexible, pero tenía los pies tan secos y duros que parecían pezuñas. La anciana se quitó una pequeña bolsa de piel que llevaba atada a la cintura y vertió algo que parecía vaselina descolorida en la palma de la mano, Se enteró de que era un ungüento de aceite de hojas. Señaló sus pies y ella asentió a su oferta de ayuda.La mujer se sentó frente a ella, puso sus pies en su regazo, le frotó el ungüento en las llagas hinchadas y entonó una canción. Era una melodía tranquilizadora, casi como una nana. Le preguntó a Outa cual era su significado.

"Le está pidiendo perdón a tus pies" -le contestó-.Les dice que los aprecias mucho. Les dice que todo el mundo en el grupo aprecia tus pies, y les pide que se pongan buenos y fuertes. Hace sonidos especiales para curar heridas y cortes. Pide que tus pies se vuelvan fuertes y duros."

No fueron imaginaciones suyas. Realmente notó que la quemazón, el escozor y el dolor de las llagas empezaban a aplacarse, y sintió un alivio progresivo. Mientras la doctora permanecia sentada con los pies en aquel regazo maternal, su mente desafió la realidad de aquella experiencia. ¿Cómo había ocurrido? ¿Dónde había comenzado?
La invreíble mezcla oleaginosa curativa, que se hacía cociendo hojas y eliminando el residuo del aceite, hizo su efecto. finalmente el alivio que notó en sus pies le dió el valor necesario para pensar en volver a levantarse. Un poco más lejos, a su derecha, había un grupo de mujeres
que parecían haber montado una cadena de producción. Recogían grandes hojas; mientras una
urgaba en los matorrales y árboles muertos con un largo palo, otra sacaba un puñado de algo
y lo ponía sobre una hoja.Luego se tapaba el contenido con una segunda hoja y se doblaba todo

para entregar el paquete a otro que echaba a correr hacia la fogata y que lo enterraba entre las brasas. La doctora sintió curiosidad. Aquélla iba a ser la primera comida juntos, el menú sobre el que se había estado preguntando durante semanas. Se acercó cojeando para verlo más de cerca y se quedó atónita. La mano que hurgaba sostenía un largo gusano blanco.
Volvió a respirar hondo. Había perdido la cuenta del número de veces que se había quedado sin habla durante el día. Una cosa era segura: ¡jamás llegaría a estar tan hambrienta como para comerse un gusano¡ Pero en aquel mismo momentoestaba aprendiendo una lección; nunca digas "jamás". Desde etonces intentó borrar esa palabra de su vocabulario. Aprendió que prefería ciertas cosas y que otras las evitaba, pero la palabra "jamás" no dea espacio para las situaciones inesperadas, y "jamás" indica un lapso de tiempo demasiado largo.
Las noches eran un aténtico gozo entre la gente de la tribu; contaban historias,cantaban, bailaban, jugaban y tenían conversaciones íntimas. Fueron unos días de aunténtica participación.
Aquella noche le explicaron que les habían llegado noticias de mi trabajo con los aborígenes urbanos. A pesar de que aquellos jóvenes no eran nativos al ciento por ciento y no pertenecían a su tribu, mi trabajo les había demostrado que realmente le importaba. Me habían llamado porque ellos creían que ella les estaba pidiendo ayuda. Comprobaron que sus intenciones eran sinceras. El problema era que, tal como ellos lo veían, ella no comprendía la cultura aborígen y menos aún el código de aquella tribu. Las ceremonias iniciales habían sido pruebas, por las que la consideraron aceptable y digna de adquirir el conocimiento de la auténtica relación de los humanos con el mundo que vivimos, con el mundo del más allá, con la dimensión de la que procedemos y la dimensión a la que todos habremos de regresar. Iba a serle revelada la comprensión de supropia existencia.
Outa dijo algo al grupo y cada uno de sus componentes le dijo algo.La informaban de sus nombres.Las palabras le resultaban difíciles, pero afortunadamente los nombres tenían significado. Ellos no usaban los nombres del mismo modo en que nosotros usaríamos "Debbie" o ""Cody" en Estados Unidos, así que relaconó a cada persona con el significado de su nombre en lugar de intentar pronunciar la palabra en sí. Cada uno de los suyos, recibe un nombre al nacer,, pero se sobreentiende que lo perderá cuando crezca y que eligirá un apodo más apropiado por sí mismo. Es de esperar que el nombre de cada persona cambiará varias veces durante su vida a medida que su sabiduría, su creatividad y sus objetivos se definan asimismo con mayor claridad al transcurrir el tiempo. En nuestro grupo se hallaban Cuentista, Hacedor de Herramientas, Guardiana de los Secretos, aestra en Costuray Gran Muica, entre otros muchos.
Finalmente Outa me señaló y repitió la misma palabra a cada uno de ellos. Creyó que intentaban aprender mi nombre de pila, pero luego pensó que lo que intentaban pronunciar era su apellido.
Erraba en ambos casos. La palabra que usaron aquella noche, y el nombre por el que siguieron
nombrandola durante el resto del viaje, due "Mutante".
Outa le dijo que en algunas naciones aborígenes sólo usaban ocho nombres en total; era más bien un sistema de enumeración. Consideraban que todas las personas de la misma generación y el mismo sexo tenían iogual parentesco, por lo que todos tenían varios padres, madres, hermanos, etc.
Después de las presentaciones compartimos una bolsa de té de roca aborígen. Se hacía echando rocas calientes en un recipiente de preciosa agua. El recipiente había servido previamente como vejiga de algún animal. Se añadían luego hierbas silvestres al agua caliente y se dejaba reposar hasta que alcanzaba su punto. Este extraordinario recipiente fue pasando de uno en unoen ambos sentidos.¡ Estaba buenísimo¡
Según descubrió el té de roca de la tribu se reservaba para ocasiones especiales, como el término de su primer dia de caminata. Eran una celebración, un modo de reconocer el esfuerzo del grupo. Sentían que se estaba impregnando de su espíritu aborígen.
Después cada cual se puso a aplanar su franja de arena y sacó un atado de pieles de animales enrolladas del fardo común que transportaban. Una anciana la había estado mirando toda la noche con rostro inexpresivo.
-¿En qué está pensando? -le preguntó a Outa.
-En que has perdido el olor a flores y en que problablemente provienes del espacio exterior.- Sonrió y ella le entregó su atado de pieles. Su nombre era Maestra de Costura-. Es de dingo-le advirtió Outa. Ella sabía que el digno era el perro salvaje de Australia, similar al coyote o al lobo-.
-Lo puedes usar para ponértelo debajo, en el suelo, para cubrirte o para apoyar la cabeza.- Le advirtó Outa. Hacía años que no había dormido en el suelo. Era curioso que el cielo siguiera siendo igual. Supuso que no es había presado demasiada atención a los cuerpos celestes a lo largo de los años. Sobre su caeza había un dosel de cobalto salpicado de plata. Veía claramente la forma que se representaba en la bandera australiana, conocidacomo Cruz del Sur.













miércoles, 9 de abril de 2008

LAS VOCES DE LOS ABORIGENES AUSTRALIANOS 2º PARTE


Me presenté. Él se limitó a asentir y actuó como si supiera quién era yo. Me aferré a la manilla de la puerta cuando rodeamos una plaza, en la que convergían seis carreteras. Cuando enfilamos una de ellas, el sol quedó a mi espalda.El traje e chaqueta de color melocotón que se había comprado, y la blusa de seda a juego, empezaron a molestarme. Ella imaginaba que e hotel donde supuestamente se dirigían estaría al otro lado se la ciudad.
Un tren de carretera (como llaman los australianos a un grupo de camiones con remolque circulando en convoy) pasó por su lado en dirección opuesta.Los camiones emergieron de repente de las ondulaciones que producía el calor en el aire, justo en el centro de la carretera. Nuestra heroína salió de su ensoñación cuando el conductor dió un golpe brusco de volante y dejamos la carretera para enfilar un camino de tierra desigual que se extendía durante kilómetros en medio de una niebla de polvo rojo. Ya no había camino frente a ellos. Iban haciendo eses entre los arbustos y dando tumbos por el accidentado desierto arenoso.
Ella sigue narrando, creo recordar, que la cabeza le rebotaba como si fuera una muñeca de trapo. Cada vez hacía más calor. Les rodeaba una planicie cobriza hasta donde alcanzaba la vista y se perdía en el horizonte. El maquillaje se ina derritiendo por el calor y el coloete rosado, le resbalaba por las mejillas. Habrían de concederme veinte minutos antes de la presentación, para arreglarme. ¡insistiría¡
Qué equivocada estaba....
Cuatro horas más tarde nos acercábamos a un cobertizo de hojalata ondulada-prosigue-. En el exterior ardía un pequeño fuego y dos mujeres aborígenesse levantaron al vernos. Ambas eran bajas y de median edad, iba escasamente vestidas y nos recibieron con una sonrisa. Cuando me bajé del jeep, mi chófer dijo: "Por cierto, soy el único que habla inglés. Seré tu intérprete, tu amigo. Outa se llamaba el chofer y mi "salvador".
Bueno, pensó con resignación. Así que más valía que intentara adaptarse, aunque en el fondo, sabía que no podría.
Las mujeres hablaban con asperos sonidos extraños que no parecían frases, sino palabras sueltas. El intérprete le explico que debía limpiarse para poder asistir a la reuníón. No comprendió a lo quie se refería. Era cierto que estaba echa una calamidad. Todos los miles de dólares que se había gastado en comprarse ropa nueva y joyas para nada. Le tendió un trozo de tela para envolverme el cuerpo, y queal desp'legarse apareció un harapo. Le dijeron que debíaquitarse la ropa y ponérselo. ¿Qué? ¿Habla en serio? Él repitió las instrucciones con severidad. Miró a su alrrededor buscanso un lugar donde cambiarse, no había ninguno. ¿Qué `podía hacer? Al final se quitó la ropa y la doblo con sumo cuidado, y se puso el atuendo nativo. Se sentía ridícula con aquel trapo descolorido y lameto haberse gastado el dinero en ropa "para causar buena impresión". El joven reapareció, también él se había cambiado. Ahora vestía igual que los demas. Recuerda nuestra amiga que se metió las joyas en un zapato, pero tambien le mandaron que se los quitara.
Un manto de espeso humo gris se elevó de los rescoldos cuando añadieron más maleza seca. La mujer de la cinta en el pelo cogió lo qe parecía el ala de un enorme halcón negro y lo habrió para formar un abanico. Lo agito frente a ella desde la cabeza a los pies. El humo se arremolinó sofocándola. Luego la mujer movió el dedo índice dibujando un círculo, lo que interpretó, como "date la vuelta". El ritual de huno se repitió a su epalda. Después le ìdieron que pasara por encima del fuego a través del humo.
Finalmente le dijeron que había quedado limpia y qe podía etrar en el cobertizo metálico. Cuando se dirigía a la entrada, vió que la misma mujer recogía todas sus cosas.Las sostuvo en alto sobre las llamas. Me miró, sonrió y dejó caer los tesoros que tenía en las manos. ¡Todas sus pertenencias arrojadas al fuego¡ Nuestra amiga se quedó helada, a pesar del calor sofocante que hacía. Por un momento su corazón dejó de latir. No pudo reaccionar porque la mujer la miraba con una expresión como que lo que había hecho, era un gesto de amistad. Como el que ofrece una muestra de hospitalidad.
Sólo después, comprendio la simbología que encerraba el acto de quitarme las valiosas joyas que ella consideraba tan necesarias. Aún le fataba aprender que, para aquella gente, el tiempo no tenía nada absolutamente que ver con las horas del reloj de oro y diamantes, entregado para siempre al fuego.
Mucho tiempo después comprendería que aquella liberación del apego a los objetos y a ciertas creencias era un paso imprescindible en mi desarrollo humano hacia el ser.
Entramos por el lado abierto del cobertizo. Su mirada fue atraída por el hombre que lucía el atuendo más trabajado de todos.
El hombr tendió sus manos hacia ella, sonriente. Cuando ella miró sus ojos negros y aterciopelados sentí una paz y seguridad absolutas. Crreo dijo, que tenía el rostro más amable que jamás he visto
Una mujer joven se le acercó a con una bandeja llena de piedras. Probablemente era un trozo de cartón,pero había un montón de piedras tan alto que no podía ver el recipiente. Outa la miró muy serio y le dijo:.Elige una." Elígela con acierto." "Tiene el poder de salvarte la vida."
Miró las pidras tremolando de miedo. Todas le parecían iguales. En ninguna vió nada en particular. Deseó`que alguna brillara o pareciera especial.No tuvo suerte, así que finfió. Cogió una al azar y como si de un triunfo se tratara,la levanto en alto en actitud triunfal.
Enlos rostros que la rodeaban se dibujaron sonrisas radiantes de aprobación, y se alegró metalmente: "¡He escogido la piedracorrecta"¡ pensó.
Después de esto, apagaron el fuego, recogieron sus escasas pertenencias y salieron al desierto.Sus morenos torsos, casi desnudos, brillaban bajo el fuerte sol mientras se colocaban en fila para el viaje. Al parecer,la reunión había concluído. Outa fue el último en salir, pero él tam,bién echó a andar. Tras recorrer unos metros, se volvió y le dijo:
-Ven, ns vamos.
-Adónde? -preguntó.
-De walkabout.
-¿Adónde?
Al interior de Australia.
-¡Fantástico¿ Cuánto dura eso?
- aproximadamente, tres cabios de Luna completos.
-¿Te refieres a caminar tres meses?
-Sí, tres meses, más o menos
Suspiró profundamente. Luego dijo a Outa, que permanecería inmóvil en la distancia.
Hoy no puedo ir con vosotros.Hoy no es un buen día, sencillamente.
Outa, le sonrió.
-Todo está en orden. Todo el mundo sabrá lo que necesita saber. Mi gente oyó tu grito de auxulio. Si alguién de la tribu hubera botado en tu contra, no harían este viaje. Te han puesto a prueba y te han aceptado. Es un honor escepcional que no puedo explicar. Debes vvir la experiencia. Es muy importante que lo hagas en esta vida. Has nacido para ello. La Divina Unidad ha intervenido; es tu mensaje. No puedo decirte mas...
"Ven. Síguenos.- Dió media vuelta y se alejó caminando.
Ella, se quedó allí parada, mirando el desierto australiano. No tenía zapatos, ni agua, ni comida. La temperatura del desierto en aquella época oscilaba entre los 38º y los 55 grados centígrados.
No quería ir. ¡ ¡Por supuesto que no podia irse¿ pensó Era un locura¡
Contempló al grupo, que seguía caminando y que cada vez parecía más pequeño. Las palabras exactas que pronuncié están grabadas en su memoria con tanta claridad como si fueran una hermosa incrustación en lustrosa madera. "De acuerdo, Dios ¡Sé que tienes un peculiar sentido del humor, pero esta vez de verda, que no te entiendo¡
Echó a andar en pos de la tribu de aborígenes que se llaman a sí mismo Los Auténticos.
Hasta aquí la segunda entrega de las memorias de la doctora. Más adelante, continuaré narrando las esperiencias inimaginables de los Auténticos a través del desierto.






lunes, 7 de abril de 2008

LAS VOCES DE LOS ABORIGENES AUSTRALIANOS









Este escrito va dirigido hacia una pequeña comunidad de aborígenes asutralianos del desierto del OUTBACK, en el cual intento narrar la enorme espiritualidad que estas personas transmiten hacia toda la Humanidad.
A pesar que el gobierno australiano ha intentado por todos los medios "arrancar"sus costumbres de hace 50.000 años, no han podido borrar el legado que nos han dejado y que intento plasmar en este espacio que me brinda Internet. Paradoja de la vida. Un invento revolucionario del siglo XX, en esta ocasión es un intrumento valiosísimo para dar a conocer a estas gentes, que para no tener, no "tienen nada", sólo lo imprencindible para subsistir en uno de los parajes más hinóspitos del planeta, pero que ellos han conservado a lo largo de miles de generaciones, respetando el medio donde se desenvuelven, cuidándolo y protegiéndolo, con sus costumbres
y ritos ancestrales.Son las voces de estos últimos abirígenes en el estado más puro, que se hacen llamar "Los Auténticos"
Los hechos que aquí se narran están basados en hechos reales. Leí por primera vez, la historia de esas gentes en 1995 y me cautivó. Pienso que su autora me guiará e iluminará para que sepa conducirles hasta el más puro sistema de existencia que se conoce.
La situación actual de los aborígenes es fácilmente observable en cualquiera ciudad de los Estados Unidos, donde la gente de color vive en un barrio concreto, más de la mitad se encuentra en el paro, y la que tiene empleo realiza los peores trabajos. Su cultura parece haberse perdido; como los indígenas americanos, se han visto forzados a vivir en los lugares que se les asigna, y durante generaciones les han prohibido practicar sus ritos sagrados.
Da la impresión de que tanto en América como en Africa y Australia se está intentando mejorar las relaciones interraciales. Sin embargo, en algún lugar del árido corazón del Outback perdura un latido lento, firme y antiguo, y existe un grupo incomparable de personas a las que no les preocupa el racismo sinó únicamente su prójimo y el entorno que lo rodea. Quien comprende esa pulsación comprende mejor al ser humano o a la esencia humana.
Tarde o temprano, el trabajo de la autora del libro que intentaré explicarles como caló en mí, con los aborígenes australianos tenía que salir a la luz. Había ya conseguido inculcar el sentido de la utilidad y el éxito financiero a los jóvenes mestizos de distintas zonas urbanas, siempre a caballo de las dos culturas y reducidos a un infierno de marginación y resentimiento. Pero, para esta doctora norteaméricana, el reconocimiento llegó de una tribu que procedía de la costa opuesta del continente. Lejos de la influencia del hombre blanco, se hacían llamar Los Auténticos y habían peparado un regalo muy especial para ella: un presente que se impus a modo de viaje y que para la autora se inició casi como un rapto. Así fué como esta mujer de más de cincuenta añosperegrinó descalza a la usanza nómada de los aborígenes porel calcinante desierto australino.
En mitad del desierto, al límite de sus fuerzas, acabó por salir airosa del aprendizaje de la supervivencia. Como una niña, debió aprender nuevas formas de comer, de caminar y de comunicarse. Actos de sufrimiento llenos de simbolismo donde las numerosas pruebas que paso, la condujeron hacia su propio centro, hacia ella misma. Fueron cuatro meses de larga marcha en los que tuvo que desnudarse de su cultura y sus prejuicios hasta ser seducida por la filosofía mágica de estos habitantes de la arena y el cielo.
Era una sofocante mañana de octubre. Estaba de pie, frente a la entrada del hotel australiano, esperando a un mensajero desconocido.
Un jepp descubierto enfiló la entrada circular. El jepp se detuvo y el conductor, un aborigen de treinta años,le hizo un gesto con la mano para que se acercara. Él buscaba a una americana rubia. Ella esperaba que la escoltaran a una reunión tribal aborígen. El primer contratiempo se produjo cuando intentó subir con torpes esfuerzos al vehículo, a causa de los zapatos de tacón. Resultó evidente que se había vestido de manera inadecuada. Y lo que le esperaba....