lunes, 7 de abril de 2008

LAS VOCES DE LOS ABORIGENES AUSTRALIANOS









Este escrito va dirigido hacia una pequeña comunidad de aborígenes asutralianos del desierto del OUTBACK, en el cual intento narrar la enorme espiritualidad que estas personas transmiten hacia toda la Humanidad.
A pesar que el gobierno australiano ha intentado por todos los medios "arrancar"sus costumbres de hace 50.000 años, no han podido borrar el legado que nos han dejado y que intento plasmar en este espacio que me brinda Internet. Paradoja de la vida. Un invento revolucionario del siglo XX, en esta ocasión es un intrumento valiosísimo para dar a conocer a estas gentes, que para no tener, no "tienen nada", sólo lo imprencindible para subsistir en uno de los parajes más hinóspitos del planeta, pero que ellos han conservado a lo largo de miles de generaciones, respetando el medio donde se desenvuelven, cuidándolo y protegiéndolo, con sus costumbres
y ritos ancestrales.Son las voces de estos últimos abirígenes en el estado más puro, que se hacen llamar "Los Auténticos"
Los hechos que aquí se narran están basados en hechos reales. Leí por primera vez, la historia de esas gentes en 1995 y me cautivó. Pienso que su autora me guiará e iluminará para que sepa conducirles hasta el más puro sistema de existencia que se conoce.
La situación actual de los aborígenes es fácilmente observable en cualquiera ciudad de los Estados Unidos, donde la gente de color vive en un barrio concreto, más de la mitad se encuentra en el paro, y la que tiene empleo realiza los peores trabajos. Su cultura parece haberse perdido; como los indígenas americanos, se han visto forzados a vivir en los lugares que se les asigna, y durante generaciones les han prohibido practicar sus ritos sagrados.
Da la impresión de que tanto en América como en Africa y Australia se está intentando mejorar las relaciones interraciales. Sin embargo, en algún lugar del árido corazón del Outback perdura un latido lento, firme y antiguo, y existe un grupo incomparable de personas a las que no les preocupa el racismo sinó únicamente su prójimo y el entorno que lo rodea. Quien comprende esa pulsación comprende mejor al ser humano o a la esencia humana.
Tarde o temprano, el trabajo de la autora del libro que intentaré explicarles como caló en mí, con los aborígenes australianos tenía que salir a la luz. Había ya conseguido inculcar el sentido de la utilidad y el éxito financiero a los jóvenes mestizos de distintas zonas urbanas, siempre a caballo de las dos culturas y reducidos a un infierno de marginación y resentimiento. Pero, para esta doctora norteaméricana, el reconocimiento llegó de una tribu que procedía de la costa opuesta del continente. Lejos de la influencia del hombre blanco, se hacían llamar Los Auténticos y habían peparado un regalo muy especial para ella: un presente que se impus a modo de viaje y que para la autora se inició casi como un rapto. Así fué como esta mujer de más de cincuenta añosperegrinó descalza a la usanza nómada de los aborígenes porel calcinante desierto australino.
En mitad del desierto, al límite de sus fuerzas, acabó por salir airosa del aprendizaje de la supervivencia. Como una niña, debió aprender nuevas formas de comer, de caminar y de comunicarse. Actos de sufrimiento llenos de simbolismo donde las numerosas pruebas que paso, la condujeron hacia su propio centro, hacia ella misma. Fueron cuatro meses de larga marcha en los que tuvo que desnudarse de su cultura y sus prejuicios hasta ser seducida por la filosofía mágica de estos habitantes de la arena y el cielo.
Era una sofocante mañana de octubre. Estaba de pie, frente a la entrada del hotel australiano, esperando a un mensajero desconocido.
Un jepp descubierto enfiló la entrada circular. El jepp se detuvo y el conductor, un aborigen de treinta años,le hizo un gesto con la mano para que se acercara. Él buscaba a una americana rubia. Ella esperaba que la escoltaran a una reunión tribal aborígen. El primer contratiempo se produjo cuando intentó subir con torpes esfuerzos al vehículo, a causa de los zapatos de tacón. Resultó evidente que se había vestido de manera inadecuada. Y lo que le esperaba....

No hay comentarios: