sábado, 19 de abril de 2008

LAS VOCES DE LOS ABORIGENES AUSTRALIANOS 3º PARTE (bis)

Mientras yacía allí, pensaba en su aventura. ¿Cómo podría describir lo que le había ocurrido aquel día? Se había abierto una puerta y ella había entrado en un mundo que no sabía que existiera. Desde luego no era una vida de lujo, pero supuso que estaría bien después de todo.En el fondo les estaba agradecida por haber aprendido nuevas cosas sobre el modo de vida de otras gentes. Empezaba a comprender que por el corazón humano pasaba algo más que sangre. Cerró los ojos y articuló un silensioso "gracias" al más alto Poder.
Alguién del otro extremo del campamento dijo algo. Lo repitió otro, y luego otro más. Se lo estaban pasando, diciendo todos la misma frase, entrecruzando las voces de las figuras recostadas. Finalmente la frase llegó a Outa, cuya estera era la más cercana a la mía. Se volvió y le dijo: "De nada; éste es un buen día".
Algo sobresaltada a su respuesta a sus pensamientos no expresados, contestó con un "gracias" y un "de nada", esta vez en voz alta.
A la mañana siguiente, antes de que el sol pudiera bañarla con sus rayos, le despertó un ruido de la gete recogiendo las escasas pertenencias diseminadas que habían usado la noche anterior. Le dijeron que los días se hacían cada vez más calurosos, así qu caminarían durante las horas más frescas de la mañana, descansarían y reanudarían el viaje hasta entrada la noche.
Lo que sí aprendió aquel día fue la extraordinaria relación que tiene los aborigenes con la naturaleza. Antes de iniciar la marcha formaron un cerrado semicírculo, encarados todos hacia el este. El Anciano de la Tribu se colocó en el centro y entonó un cántico. El ritmo lo establecieron y mantuvieronn los miembros del grupo, batiendo palmas, dando patadas en el suelo o golpeándose los muslos. Duró unos quince minutos. Era una rutina que se repetía cada mañana y que, según descubrió, constituñia una parte muy importante de su vida en común. Era la plegaria matutina, o el modo de centrarse o de fijar un objetico cada mañana. Esta gente cree que todo en el planeta existe por una razón. Todo tiene un propósito. No hay monstruos, inadaptados ni accidentes. Sólo hay malentendidios y misterios que aún no se han revelado al hombre mortal.
Así pues,cada mañna la tribu envía un pensamiento o un mensaje a los animales, a las plantas que nos aguardan. Dicen:" Caminamos hacia vosotros para honrar el propósito de vuestra existencia"Corresponde a animales y plantas decidir quienes de entre ellos serán los elegidos.
La tribu de los Auténticos no se queda nunca sin comida. El universo responde siempre a su correspondencia mental. La doctora aprendió que el alimento no se daba por supuesto.Primero se solicitaba, se esperaba siempre que apareciera y asi era, en efecto, pero se recibía con agradecimiento, mostrándose siempre una auténtica gratitud. La tribu empieza cada día dando gracias a la Unidad por el día, por sí mismos, por sus amigos y por el mundo. Algunas veces piden cosas concretas, pero siempre se expresa asi: "Es por mi supremo bien y el supremo bien de la vida en todas partes".
La tribu no llevaba provisiones. No plantaba semillas y no participaba en ninguna cosecha. Caminaba por el ardiente Outback australiano, sabiendo que recibiría diariamente las generosas bendiciones del universo. El universo no la deceocionaba nunca.
Llevaban varios pellejos de agua hechos con vejigas de animales. Obsevando a los aborígenes se dió cuenta de que ellos necesitaban mucha menos y bebían menos que ella. Ellos opinan que los mutantes tienen muchos vcios y que el agua es uno de ellos.
Sabían encontrar agua donde no había el más mínimo indicio de humedad. En ocasiones se tumbaban en la arena y oían el agua bajo la superficie o colocaban las manos con las palmas hacia abajo y exploraban la tierra en busca de agua.Clavaban largas cañas huecas en la tierra, sorbían por el extremo y creaan una pequeña fuente. El agua salía arenosa y de color oscuro, pero tenía un sabor puro y refrescante. Conocían la existencia de agua a lo lejos por los vapores que se formaban por el calor, e incluso podían olerla y sentirla en la brisa.
Cuando sacaron agua de una grieta rocosa le enseñaron el modo de acercarse sin contaminar la zona con su olor humano, para que los a nimales no se asustaran. Después de todo, el agua también era suya. Los animales tenían tanto derecho a ella como las personas. La tribu no se la llevaba nunca toda, aunque su provisión de agua fuera escasa en ese momento.
Debido a que su sociedad no fomentaba que los individuos se dejaran guiar por su intuición,e incluso lo miraban con desagrado, considerándolo sobenatural y posiblemente nocivo, le tuvieron que enseñar para que aprendiera lo que se dá de forma natural. Basicamente le enseñaron a preguntarle a las plantas si estaban listas para que las honraran por el propósito de su existencia.Pedía permiso al universo y lueg exploraba con la alma de la mano. Algunas veces notaba calor y otras sus dedos parecían sentir un incontrolable tirón cuando se posaban sobre los vegetales maduros. Cuando la doctora aprendió a hacer esto noté que había dado un paso gigantesco para ser aceptada por los miembros de la tribu. Parecá indicar que ella era un poco menos mutante y que quizá, gradualmente, se estaba volviendo más auténtica.
Era importante que nuncausaran la planta en su totalidad; siempre sedejaba la raíz para que crecieran nuevos brotes.
En los meses siguientes, una serie de alimentos apareció ante ellos para ser honrados como su celebración diaria de la vida univesal; comieron canguro, caballo salvaje, lagarto, serpiente, insectos, gusanos de todos los tamaños y colores, hormigas, termitas, osos hormigueros, pájaros, peces, semillas,frutos secos, fruta, plantas,-tan variadas que su enumeración resultaría inacabable-, e incluso cocodrilo.
Notaba que había perdido la noción de los dias, de las semanas, del tiempo. No volvió a pedir que la llevran de vuelta al jeep.
A medida que iba pasando el tiempo, sus energías físicas alcanzaban cotas insospechadas. Sin nada que comer para desayunar o para almorzar, aprendió a alimentarse con la vista.
Los de la tribu le eseñaron los lugares sagrados del desierto. Al parecer, todo era sagrado: rocas apiñadas, colinas, barrancos, incluso lechos secos y llanos. Parecían existir líneas invisibles que delimitaban el territorio ascentral de antiguas tribus.Le mostraron como miden ellos la distancia con canciones en las que se dan detalles y ritmos muy específicos. Algunas de ellas alcanzan las cien estrofas. Cada una de sus palabras y pausas debían ser exactas. No se podía improvisar ni tener un lapsus de memoria porque se trataba, literalmente, de una vara de medir. En realidad nos llevaban cantando de un lugar a otro. Ellos habían rechazado el lenguaje escrito porque consideran que se pierde capacidad memorística. Si se ejercita la memoria, se retiene un nivel óptimo.
En el desierto la única seguridad era el ciclo infalible de amanecer y ocaso. Como doctora le asombraba que la raza más insegura del mundo según s criterio no padeciera de úlcera, hipertensión ni enfermedades cardiovasculares.
A lo largo de los meses experimentaron los rigores opuestos del clima. La primera noche utilizó la piel que le habían asignado como estera, pero cuando llegaron las noches frías, la utilizó como manta.
Cavábamos hoyos en la arena para echar dentro ascuas ardientes y luego arena por encima. Colocaban en el suelo la mita de las pieles y se tapaban con la otra mitad. Los huecos se compartían de dos en dos. Todos los pies se juntaban en el centro.
Recuerda la doctora haber escudriñado el vasto cielo, con las manos apoyadas en el mentón. Notaba la esencia de la maravillosa gente que me rodeaba, pura, inocente y afectuosa. Aquel círculo de seres vivientes en forma de margarita, con fuegos diminutos entre cada dos cuerpos, constituiría sin duda una asombrosa visión para quien les observara desde el espacio.
Parecía que se tocaran tan sólo con los dedos de los pies, pero día a día aprendió que su conciencia había estado en contacto con la concienca universal de la humanidad desde siempre.
Empezaba a comprender por qué sentían sinceramente que la doctora era una Mutante, y ella era igualmente sincera en su gratitud por la oportunidad de despertar que le concedían.