sábado, 14 de junio de 2008

LAS VOCES DE LOS ABORIGENES AUSTRALIANOS 4ªPARTE bis







Llevábamos juntos varias semanas cuanto se dio cuenta de que unos ojos la rodeaban cada vez que se aventuraba a alejarse del grupo. Cuando más densa era la noche, más grandes parecían los ojos. Finalmente las formas se perfilaron y pudo reconocerlas. Era una manada de temibles dingos salvajes que nos seguían.
Volvió corriendo al campamento, por primera vez realmente asustada, e informó del hallazgo a Outa. Él se lo dijo al Anciano. Todos los que se hallaban cerca de ellos se mostraban también preocupados. Esperó a oír las palabras, porque para entonces sabía ya que en la tribu de los Auténticos las palabras no surgen de forma automática; siempre `piensan antes de hablar. Podría haber contado hasta diez antes de que Outa le diera el mensaje. Se trataba de un problema de olor. Había empezado a oler mal. Todos los días de travesía sin poderse lavar ni limpiar cuando hacía sus necesidades Desgraciadamente no sabía que hacer. Miraba las caras de los otros y comprendía que hacía mala olor. El agua era tan escasa que no la podían desperdiciar bañándose. Sufría a causa de ese problema y ellos sufrían por su causa.
El Anciano le explicó, y no pudo olvidar nunca el tacto que tuvo para con ella, la situación y la solución definitiva. No les preocupaba por ellos mismos; la habían aceptado para lo mejor y para lo peor. Tampoco les inquietaba su seguridad, sino la de los pobres animales. Los tenía desorientados. Outa dijo que los dignos creían que la tribu acarreaba un trozo de carne podrida y que eso les estaba volviendo locos. Se echó a reír, porque ése era realmente su olor, como el de un pedazo de hamburguesa tirada al sol..
Ella dijo que apreciaría cualquier sugerencia que pudiera ayudarla. Así que al siguiente día, cuando el sol estaba en su cenit, cavaron juntos una trinchera, formando un ángulo de cuarenta y cinco grados, y se tumbó en ella.. Luego la cubrieron de tierra por completo; sólo la cara quedaba al descubierto. Dispusieron una sombra y la dejaron allí durante dos horas. Estar enterrada, completamente desvalida, y sin poder mover un solo músculo era toda una experiencia. Si entonces se hubiesen marchado, se habría convertido en un esqueleto allí mismo.
Comprendió el viejo refrán: “De la necesidad, nace el consejo”.
¡Funcionó ¡ Dejaron el olor tras ellos, enterrado en la tierra.
En el grupo había un hombre de treinta y tantos años que se llamaba Gran Restaurador de Piedras. Su talento consistía en hallar piedras preciosas. Recientemente se había añadido el “Gran”, porque a lo largo de los años había desarrollado una habilidad especial para encontrar unos maravillosos y enormes ópalos e incluso pepitas de oro en las zonas mineras, después que las compañías explotadoras hubieran abandonado las minas. Los Auténticos creían al principio que los metales preciosos eran superfluos. No se podían comer, y en una nación sin mercados no servían para comprar alimentos. Se valoraban tan solo por su belleza y por el uso que se les pudiera dar. No obstante, con el tiempo, los nativos descubrieron que eran muy apreciados por el hombre blanco, lo cual resultaba más raro incluso que su extraña creencia de que podían ser amos de las tierras y venderlas. La tribu utilizaba las gemas para financiar los gastos del explorador de la tribu, que iba periódicamente a la ciudad, y luego regresa con su informe. Gran Restaurador de Piedras, jamás se acercaba por las cercanías de una mina que seguía en funcionamiento porque a los aborígenes les persigue el recuerdo de aquellos antepasados suyos obligados a trabajar en las explotaciones mineras, donde entraban un lunes y no volvían a salir hasta el fin de semana. Cuatro de cada cinco morían. Habitualmente se les acusaba de algún crimen y eran condenados a trabajos forzados. También tenían que satisfacer ciertas cuotas, y muchas veces se obligaba a la mujer y a los hijos a trabajar con el reo; unas tres personas podían cumplir una cuota establecida para un individuo. Al parecer era muy fácil hallar alguna infracción para alargar las condenas. No había escapatoria posible. Por supuesto, aquella degradación de las vidas humanas era muy legal.
Aquel día en particular, Gran Restaurador de Piedras caminaba por el borde de un terraplén cuando la tierra cedió y él cayó por el risco hasta la superficie rocosa, seis metros más abajo.
Por entonces ya tenía unos buenos callos en las plantas de los pies, parecidos a aquella especie de pezuñas de sus compañeros, pero ni siquiera esa capa de piel muerta bastaba para caminar cómodamente sobre las piedras. Oyó el grito de Gran Restaurador de Piedras cuando ya volaba por los aires. Corrieron todos hasta el borde y miraron hacia abajo. Parecía un guiñapo, y se veía ya un oscuro charco de sangre. Varios miembros de la tribu corrieron cuesta abajo hasta la garganta y lo subieron en un santiamén haciendo uso de un sistema de relevos. No hubieran tardado menos si hubiese subido flotando. Las manos que lo transportaban parecían la oruga de una cadena de montaje.
Cuando lo depositaron sobre la pulimentada roca de la cima, la herida quedó a la vista. Era una fractura complicada y muy grave entre la rodilla y el tobillo. El hueso sobresalía unos cinco centímetros, a través de la piel de color chocolate con leche. Inmediatamente alguien se quitó una cinta del cabello e hizo un torniquete con ella alrededor del muslo. Otros miembros de la tribu empezaron a prepararlo todo para acampar allí aquella noche.
Se acercó poco a poco hasta quedar junto al herido.
Hombre Medicina pasaba las manos por encima de la pierna herida, a unos dos centímetros de la piel, con un suave movimiento deslizante, primero en paralelo y luego con una de arriba abajo y la otra al revés. Mujer que Cura le sonrió y habló a Outa, quién le tradujo su mensaje.




-Esto es para ti. Nos han dicho que tu talento, entre tu gente, es el de mujer que cura.
Nunca le había gustado la idea de que la curación de un enfermo dependiera de los médicos o de sus trucos, porque años atrás, cuando tuvo que enfrentarse con la polio, aprendió que la curación tiene una única fuente. Los médicos ayudan al cuerpo eliminando partículas extrañas, inyectando sustancias químicas o devolviendo huesos a su sitio, pero eso no significa que el enfermo vaya a curarse. De hecho, estaba convencida de que jamás ningún médico en ningún lugar país y en ninguna época de la historia ha curado a nadie. Cada persona lleva la curación en su interior. Los médicos son como mucho unas personas que han reconocido en sí mismas un talento individual, lo han desarrollado y tienen el privilegio de servir a la comunidad haciendo lo que mejor se les da y más les gusta. Aceptó los términos que Outa había decidido utilizar y convinió con los nativos en que también ella, en su sociedad, era considerada una mujer que cura.
Según le explicaron, el movimiento de las manos a lo largo de la pierna sobre la zona herida, sin tocarla, era un método para devolver la antigua forma de la pierna sana y para eliminar la hinchazón. Hombre Medicina le refrescaba la memoria al hueso para que reconociera la auténtica naturaleza de su estado sano. Con esto se eliminaba el impacto provocado al partirse en dos y abandonar la posición desarrollada durante más de treinta años. Lo que hacían era “hablarle” al hueso.
A continuación, los tres personajes principales del drama, Hombre Medicina a los pies, Mujer que Cura arrodillada a un lado y el paciente tumbado de espaldas sobre la tierra, empezaron a hablar con un sonsonete de plegaria. Hombre Medicina colocó las manos alrededor del tobillo. En realidad no parecía que tocara ni tirara del pie. Mujer que Cura hizo lo propio con la rodilla. Hablaban en forma de cánticos, cada uno de ellos diferente. En un momento dado alzaron la voz al unísono y gritaron algo. Debieron de utilizar un método de tracción, pero ella fue incapaz de verlo, explicaríamos tarde. Sencillamente, el hueso volvió a meterse por el agujero por el que asomaba. Hombre Medicina juntó los dos bordes de piel e hizo una seña a Mujer que Cura, que desató el extraño y largo tuvo que siempre llevaba consigo.Habrió el extremo inferior del tubo. La mujer apretó el tubo con la mano y de él surgió una brea negra, espesa y reluciente que utilizó para unir los bordes desiguales de la herida. No hubo vendajes, ataduras, entablillado, muletas ni suturas.
Pronto se olvidó el accidente y se ocuparon de la comida. Por la noche se hicieron turnos para colocarla cabeza de Gran Restaurador de Piedras sobre el regazo, de modo que viera mejor desde el lugar donde reposaba. También ha ella le tocó hacer un turno. Quería tocarle la frente y comprobar si tenía fiebre. Además deseaba tocar y estar cerca de una persona que, al parecer, había aceptado ser demostración viviente de sus métodos de curación en su honor.
Cuando tenía su cabeza sobre el regazo de la doctora, alzó la vista hacia ella, y le guiñó un ojo.
A la mañana siguiente, Gran Restaurador de Piedras se levantó y camino junto a ellos. No cojeaba en absoluto. Le habían dicho que el ritual practicado reducía el trauma óseo y evitaría que se inflamara la pierna. Era cierto. Durante varios días examinó de cerca y observó cómo se secaba la negra sustancia natural y empezaba a desprenderse. Al cabo de cinco días había desaparecido; sólo quedaban unas finas cicatrices en el sitio por donde había salido el hueso. ¿Cómo podía aquel hombre, que pesaba unos sesenta y cinco kilos, apoyarse en un hueso completamente partido, sin muleta y sin que le volviera a salir de sopetón por el agujero? Estaba maravillada. Sabía que los miembros de la tribu gozaban de muy buena salud en general, pero además parecían poseer un talento especial para resolver las urgencias.
Los que poseían talento para curar no habían estudiado nunca bioquímica ni patología, pero poseían las credenciales de la verdad, la intención y el compromiso con el bienestar físico.
Mujer que Cura le peguntó:
-¿Comprendes cuánto tiempo implica “para siempre”?
-Sí-replicó-. Lo comprendo.
-¿Estás segura?
-Sí, estoy segura.
-Entonces podemos decirte algo más. Todos los humanos son espíritus que sólo están de paso en este mundo. Todos los espíritus son seres que existen para siempre. Todos los encuentros con otras personas son experiencias y todas las experiencias son relaciones para siempre. Los Auténticos cierran el círculo de cada experiencia. No dejamos cabos sueltos como los Mutantes. Si te alejas con malos sentimientos en el corazón hacia otra persona y ese círculo no se cierra, se repetirá más adelante. No lo sufrirás una sola vez sino una y otra hasta que aprendas. Es bueno observar, es bueno aprender y almacenar la experiencia para ser más sabios. Es bueno dar las gracias, dejarlo bendecido, como vosotros decís, y alejarse luego en paz-
No supo nunca si el hueso de la pierna de aquel hombre se curó rápidamente o no. No tenía rayos X a mano para examinarlo antes y después, y él no era un superhombre, pero no le importó. No sufrió. No le quedaron secuelas, y en lo que concernía a los demás, la experiencia había terminado. Nos alejamos en paz, y era de esperar que un poco más sabios. El círculo se había cerrado. No se gastaron más energías, tiempo ni atención en él.
Outa le dijo que ellos no habían provocado el accidente.Sólo habían pedido que, si era por el supremo bien de la vida en todas partes, estaban abiertos a una experiencia con la que ella pudiera aprender en la práctica sus métodos de curación. Cuando se produjo, se sintieron agradecidos una vez más por el don que habían podido compartir con la Mutante foránea.
Ella también estaba agradecida aquella noche por la oportunidad de conocer las misteriosas mentes vírgenes de aquellos humanos a los que llamaban incivilizados
Debería haber comprendido que ellos le leían la mente y que sabían lo que pedía antes de expresarlo. Aquella noche hablaron largo y tendido sobre la relación entre el cuerpo físico, la parte eterna de nuestra existencia y un nuevo aspecto que no habían tocado antes: el papel de los sentimientos y las emociones en la salud y el bienestar. Dar agua a una planta o a un animal moribundos, o dar ánimos a una persona, proporciona tanta sabiduría sobre la vida y nuestro Creador como dar de beber a una persona sedienta. Cada uno de nosotros abandona este plano de la existencia con una tarjeta de puntuación, por así decirlo, en la que se refleja momento a momento el modo en que se han dirigido las propias emociones. Son los sentimientos invisibles e incorpóreos que llenan nuestra parte eterna los que marcan la diferencia entre los buenos y los menos buenos. La acción es tan sólo un canal mediante el que se permite expresar y experimentar el sentimiento, la intención.
Para devolver el hueso a su sitio, los médicos nativos habían enviado pensamientos de perfección al cuerpo. Cabeza y corazón habían desempeñado un papel tan importante como el de las manos. El paciente esta abierto y receptivo al bienestar y creía en un estado de restablecimiento total e inmediato. Ante su asombro, lo que para ella era milagroso, desde la prespectiva de la tribu era obviamente normal.
En las largas conversaciones que mantuvo con Hombre Medicina y Mujer que Cura, descubrió una nueva e increíble prespectiva sobre la salud y la enfermedad.”Curar no tiene nada que ver con el tiempo –le dijeron. Tanto la salud como la enfermedad se producen en un instante.
No creo, dijo que los Auténticos sean superhombres por el modo en que tratan accidentes y enfermedades. Creo sinceramente –se repitió a si misma- que todo lo que ellos hacen tiene una explicación científica. El hecho es que nosotros construimos máquinas para que realicen ciertas técnicas, y los Auténticos son la prueba de que pueden llevarse a cabo sin aparatos eléctricos.
La humanidad explora a la aventura y con gran esfuerzo, pero en el continente australiano se aplican las más refinadas técnicas médicas a unos miles de kilómetros tan sólo de las antiguas prácticas que han salvado vidas desde tiempos inmemoriables. Tal vez un día se unirán y se completará el círculo del conocimiento.
¡Qué día para una celebración mundial ¡

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