jueves, 1 de mayo de 2008

LOS ABORIGENES AUSTRALIANOS 4º PARTE.




LAS VOCES DE LOS ABORÍGENES AUSTRALIANOS 4ª PARTE


Aquel día empezó relativamente igual que los precedentes, de modo que nuestra protagonista, no tenía la menor idea de lo que le aguardaba. Desayunaron, ero si, cosa infrecuente.
Durante la plegaria matutina, vueltos hacia el este, dieron gracias por los alimentos recibidos. Enviaron el mensaje diario al reino de los alimentos.
Uno de los hombres más jóvenes se situó en el centro. Los aborígenes le explicaron que se había ofrecido para realizar una tarea especial ese día. Abandonó el campamento temprano y echó a correr por delante de ellos. Llevaban varias horas caminando cuando el Anciano se detuvo y calló de rodillas. Todos se congregaron en torno suyo, mientras él permanecía arrodillado, con los brazos extendidos, meciéndose levemente. Preguntó a Outa que ocurría. El le indicó por señas que guardara silencio. Nadie hablaba pero todos los rostros permanecían atentos. Finalmente Outa se volvió hacia ella y le dijo que el joven explorador que les había abandonado a primero hora estaba enviando un mensaje. Pedía permiso para cortarle la cola a un canguro que había matado.
Por fin la doctora comprendió por qué caminaban siempre en silencio. Aquella gente se comunicaba la mayor parte destiempo por telepatía y ella era testigo presencial. No se oía ni un solo sonido, pero se estaban transmitiendo mensajes entre personas separadas por unos treinta kilómetros.
-¿Por qué quiere quitarle la cola?- preguntó la doctora.
-Porque es la parte más pesada del canguro, y él está demasiado enfermo para transportar el animal cómodamente. El canguro es más alto que él y nos está diciendo que el agua que se detuvo a beber estaba sucia y ha hecho que su cuerpo se calentara demasiado. Le salen gotas de líquido por la cara.
Se envió una silenciosa respuesta telepática. Outa le advirtió que iban a acampar allí el resto del día. La gente empezó a cavar un hoyo en previsión de la enorme cantidad de alimento que nos iba a llegar. Otros empezaron a preparar hierbas medicinales siguiendo las instrucciones de Hombre Medicina y Mujer que Cura.
Varias horas después llego el joven al campamento con la carga de un enorme canguro destripado y sin cola. El animal llevaba el vientre vaciado y cerrado con palos puntiagudos. Las entrañas habían servido de cuerdas para atar juntas las cuatro patas. El joven había transportado los cincuenta kilos de carne sobre la cabeza y los hombros y transpiraba copiosamente. No cabía duda de que estaba enfermo. Ella se quedó mirando mientras los de la tribu se disponían a curarlo y a cocinar nuestra comida.
A la hora de comer sólo se habían asado unos cuantos centímetros de carne; el resto rezumaba sangre. Les dijo que ella tenía que poner su porción en un palo al estilo de los perritos calientes y cocinarlo. ¡Sin problemas ¡Rápidamente prepararon una horquilla a tal efecto.
Mientras tanto, el joven cazador recibía atención médica. Primero le dieron un bebedizo de hierbas. Los que se ocupaban de él, le cubrieron después los pies con la arena fría del hoyo recién cavado. Me dijeron que si conseguían atraer el calor desde la cabeza hacia los pies, su temperatura corporal se equilibraría. Le sonó muy extraño, pero la fiebre disminuyó realmente. Las hierbas resultaron también eficaces en prevenir el dolor de estómago y las diarreas que ella esperaba que aparecieran como resultado de tan dura prueba.
Fue realmente extraordinario. De no haberlo visto con sus propios ojos, no lo hubiera creído, sobre todo la comunicación telepática. Le explicó a Outa como se sentía.
-Éste sonrió y le dijo:
-Ahora ya sabes como se siente un nativo la primera vez que va a la ciudad, ve meter una moneda en un teléfono, marcar un número y hablar con un pariente. Al nativo eso le parece increíble.
-Sí, replicó-. Ambos métodos son buenos, pero el vuestro funciona mejor aquí, donde no tenemos ni viviendas ni cabinas telefónicas.
La doctora imaginó que a sus compatriotas les iba a costar creerse lo de la telepatía mental Aceptarían fácilmente que en mundo hubiera seres humanos que se comportaran con crueldad entre ellos, pero serían reacios a creer que en la Tierra hubiera personas que no fueran racistas, que vivieran juntas con una total compenetración y armonía, que descubrieran sus talentos únicos y propios y los honraran, como honran a todos los demás. Según Outa, la razón primordial por la que Los Auténticos saben usar la telepatía es porque no mienten nunca. No utilizan siquiera una pequeña invención, ni una verdad a medias, ni una grosera afirmación falaz. No mienten en absoluto, de modo que no tienen nada que ocultar. Son gentes que no temen abrir sus mentes para recibir, y que están dispuestas a darse información mutuamente,
Los humanos estaban destinados a comunicarse mediante la telepatía. Las diferentes lenguas y los diversos alfabetos escritos, son obstáculos que se eliminan cuando las personas utilizan la comunicación mental. Pero ella razonaba que eso jamás funcionaría en su mundo, donde la gente roba a su empresa, defrauda a Hacienda y se comete infidelidades. Su gente jamás toleraría una “mente abierta” en su sentido literal. Hay demasiados engaños, demasiado dolor, demasiada amargura que ocultar.
En lo referente a ella, ¿podía ella perdonar a todos los que consideraba que habían sido injustos con ella? ¿Podía perdonarse si misma por los daños inflingidos? Esperaba que algún día fuera capaz de exponer su mente, como los aborígenes, y quedarse mirando mientras otros examinaban sus motivos.
Los Auténticos no creen que la voz estuviera destinada al habla. Para hablar se utiliza el núcleo corazón-cabeza. Cuando se usa la voz para hablar, uno tiende a enredarse en pequeñas conversaciones innecesarias y menos espirituales. La voz está hecha para cantar, para loar, y para sanar.
Le dijeron que todo el mundo tiene múltiples talentos y que todos podemos cantar. La cantante que ella tenía en su interior no desaparecería, aunque ella no honrase ese don porque creyera que no sabía cantar.
Más tarde, durante el camino, cuando trabajaban con ella para desarrollar su comunicación mental, aprendió que mientras tuviera algo en el corazón o en la cabeza que siguiera creyendo necesario ocultar, no funcionaría. Tenía que pactar absolutamente con todo.
Tenía que aprender a perdonarse a sí misma y aprender del pasado, en lugar de juzgarse. Ellos la demostraron que lo fundamental era aceptarse, ser sincera y quererse a sí misma para obrar de igual manera con los demás.
Las moscas del Outbak son horrendas. Los enjambres aparecen con los primeros rayos del sol. Infestan el cielo, volando en bandadas ingentes.
Estaba totalmente rodeada de moscas, grandes, que se le metían por los ojos e incluso conseguían penetrar entre los dientes hasta la garganta. Tienen un repugnante sabor dulzón cuando me daban arcadas y me atragantaba. Se le pegaban al cuerpo, así que al mirarse parecía que llevase puesta una armadura negra. Eran grandes y veloces, y había tantas, que era prácticamente insoportable.
La gente de la tribu tiene un sexto sentido para detectar cuando y donde aparecerán. Ellos se quedan inmóviles con los brazos a lo largo del cuerpo y los ojos cerrados.
De ellos, fue aprendiendo a ver el lado positivo de casi todos los seres con los que iban topando, pero las moscas habrían sido su perdición si no la hubieran rescatado. Comprendió perfectamente que una persona cubierta por millones de patas de insectos en movimiento pudiera volverse loca. Por pura suerte eso no le sucedió.
Una mañana, le abordaron tres mujeres. Se acercaron y le pidieron unos mechones de cabello. La doctora llevaba el pelo teñido de color rubio, pero como no había podido verse en ningún lugar, ni en el agua para conocer su aspecto, suponía que llevaba el pelo enmarañado y sucio. Llevaba la cinta que le dio Mujer Espíritu para que el pelo no le cayera sobre los ojos.
Las mujeres olvidaron su idea inicial cuando observaron que bajo el pelo rubio, le crecían mechas de color oscuro. Corrieron a informar al Anciano. Éste era un hombre de mediana edad, tranquilo y de complexión fuerte, casi atlética. En el poco tiempo que habían estado viviendo juntos, había tenido ocasión de observar cuan sinceramente hablaba con los miembros de la tribu y les daba las gracias sin vacilar por la ayuda que hubieran aportado al grupo. Era fácil de comprender por qué ocupaba el lugar de jefe.
Después de acercarse para observar el extraño espectáculo de la Mutante rubia con raíces oscuras en el pelo, el Anciano permitió que los otros echaran un vistazo a la maravilla. Todos los ojos parecieron iluminarse y todos sonrieron de placer. Outa le explicó que sonreían porque a sus ojos se estaba volviendo más parecida a los aborígenes.
Preguntó a varios miembros del grupo cómo podían permanecer eternamente inmóviles, dejando que los insectos les cubrieran el cuerpo. Ellos se limitaron a sonreír. Luego le dijeron que el jefe Cisne Negro Real quería hablar con ella.
-¿Comprendes cuánto tiempo implica un –“para siempre”?- le preguntó-. Es mucho, mucho tiempo. Sabemos que en tu sociedad lleváis el tiempo en la muñeca y hacéis las cosas según un horario, así que yo pregunto: ¿comprendes cuánto tiempo implica un “para siempre”?.
-Sí, le respondió-. Comprendo qué significa “para siempre”.
-Bien –continuó él-. Entonces podemos decirte algo. Todo en la Unidad tiene un propósito. No hay monstruos, inadaptados ni accidentes. Sólo hay cosas que los seres humanos no comprenden. Tú crees que las moscas son malas, que son un infierno, así que para ti lo son, pero sólo porque te faltan entendimiento y sabiduría. Lo cierto es que son criaturas necesarias y beneficiosas. Se meten en nuestras orejas y nos limpian la cera y la arena que tenemos en ellas, después de dormir toda la noche. ¿Te das cuenta de que nuestro oído es perfecto? Si, se meten por nuestra nariz y también nos la limpian.-Señaló su nariz y dijo-. Tus orificios son muy pequeños, no tienes la nariz de un gran koala como nosotros. Los días venideros van a ser mucho más calurosos y tú vas a sufrir si tu nariz no está limpia. Con un calor extremo no se debe abrir la boca al aire libre. De todas las personas que necesitan una nariz limpia, tú eres la más necesitada. Las moscas se nos acercan y se pegan a nuestro cuerpo y nos quitan todo lo que se elimina. –Extendió un brazo y prosiguió-. Mira lo suave y lisa que es nuestra piel, y fíjate en la tuya. Nunca habíamos conocido a una persona que cambiara de color sólo por caminar. Llegaste a nosotros de un color, luego te pusiste roja, y ahora se te está pelando la piel, y algún día iremos al lugar en que las moscas te limpian la piel, y algún día iremos al lugar en que las moscas han depositado sus larvas y se nos volverá a proporcionar el alimento.-Exhaló un profundo suspiro. La miró con fijeza y dijo-: Los seres humanos no pueden existir si eliminan todo lo que es desagradable en lugar de comprenderlo, Cuando llegan las moscas, nos rendimos a ellas. Tal vez tú estés preparada ya para hacer lo mismo.
La siguiente ocasión en que oyó el zumbido de las moscas a lo lejos, desató la cinta para la cabeza que llevaba sujeta a la cintura. Era una cinta que a su alrededor las mujeres aborígenes, habían cosido tendones de canguro y se lo pusieron en la cabeza como una corona, de tal modo, que las cintas de tendones, tapaban literalmente la cara y las moscas no podían penetran en ella. Pero esta vez resolvió hacer lo que sus compañeros sugerían. Así que cuando llegaron las moscas, se fue. Con la imaginación se fue a Nueva Cork, a un balneario muy confortable. Con los ojos cerrados, sentía que alguien le limpiaba las orejas y la nariz. Sintió que cientos de diminutas bolas de algodón limpiaban todo su cuerpo. Por fin las criaturas se fueron y regresó al Outback. Era verdad, la rendición es sin duda la respuesta correcta en ciertas circunstancias.
Se preguntó que otras cosas en su vida consideraba erróneas o difíciles, en lugar de explorarlas para comprender su auténtico propósito. Por primera vez, le pareció que llevaba una vida totalmente honesta. No vestía cierta ropa, como se esperaba de ella en el mundo de los negocios. No se maquillaba. Se le había pelado la nariz una docena de veces. No había fingimiento, ni confrontación de egos para acaparar la atención. En el grupo no se chismorreaba y nadie intentaba superar a nadie.
Sin un espejo que la devolviera espantada la realidad, experimentaba la sensación de sentirse hermosa. Evidentemente se dijo no lo era, pero ella se sentía así. La gente de la tribu la aceptaba tal cual, le hacía partícipe única y maravillosa. Estaba aprendiendo como se siente una persona cuando la aceptan sin condiciones.
Un día les habló de la fiesta de cumpleaños, la escucharon atentamente. Habló del pastel, de las canciones, de los regalos y de la nueva vela que se incorpora cada nuevo año. -¿Para qué lo hacéis?-le preguntaron- Para nosotros una celebración significa algo especial. Pero no hay nada especial es hacerse viejo. No exige ningún esfuerzo, simplemente ocurre.
-Si no celebráis que os hacéis mayores-preguntó- ¿qué celebráis?
-Que nos volvemos mejores –fue la respuesta-. Lo celebramos si este año somos personas mejores y más sabias que el año pasado. Sólo uno mismo puede saberlo, así que eres tú quien debe decirle a los demás cuándo ha llegado el momento de celebrar la fiesta.
“Vaya, pensó, eso es algo que debía recordar”.










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